CARTA DE UN NIÑO A SUS PADRES!
No me consientas. Enséñame a compartir.
No temas ser firme conmigo. Lo prefiero… me hace sentir seguro.
De ser posible, no me corrijas frente a la gente. Haré más caso si hablas conmigo en privado.
No olvides cuál es la diferencia entre errores y pecados.
No me protejas de las consecuencias. Necesito aprender de la forma más difícil.
No le prestes mucha atención a mis pequeñas enfermedades. Por medio de ellas a veces consigo la atención que deseo.
No me regañes. Instrúyeme y guíame.
No hagas promesas precipitadas. Recuerda que me siento muy defraudado cuando las promesas no se cumplen.
No olvides que no puedo expresarme tan bien como deseo. Es por esta razón que a veces no soy preciso.
No seas incongruente. Eso me confunde por completo.
Y lo más importante enséñenme a orar y a amar a Dios, pero sobre todo viendo cómo oran y le aman ustedes a ÉL.
REFLEXIÓN.
"Los niños son como el amanecer de cada nuevo día, lleno de esperanzas y alegrías"
¡Cuan importantes son los niños para Dios! Los ama profundamente a lo largo de la Biblia podemos encontrar infinidad de pasajes en los que Dios habla de los niños, de los hijos, de la descendencia, lo importante que es su instrucción, su formación.
Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas, como las de un palacio; Salmos 144:12.
Cuidemos de nuestros niños (as) sabiendo que no son nuestros y que algún día deberemos dar cuentas de ellos ante Dios, hagámoslo con equilibrio y sabiduría, con cariño y límites claros, con disciplina del Señor pero también pasando tiempo con ellos, jugando y escuchándoles.
Los hijos son una posesión muy valiosa delante de Dios, como joyas vivas preciosas, y si se los entregamos, Él los transformará día a día para que lleguen a ser aquello para lo que fueron creados.



